Escritor, periodista y guionista español
Nombre completo: Julio Alonso Llamazares
Padre: Nemesio Alonso Díez
Formación: Licenciado en Derecho
Géneros: Novela, poesía, literatura de viajes, relato, crónica, periodismo y guion cinematográfico
Reconocimientos: Premio Jorge Guillén de Poesía, Premio Ícaro, Premio Nonino, Cardo d'Oro y Premio Nacional de Narrativa 2026
Julio Llamazares nació en Vegamián, León, el 28 de marzo de 1955. Escritor, periodista y guionista, ha desarrollado una obra en la que se cruzan la memoria, el paisaje, el desarraigo, la desaparición del mundo rural y la persistencia del pasado en la vida de las personas. Comenzó publicando poesía, alcanzó una amplia difusión con novelas como Luna de lobos y La lluvia amarilla y convirtió posteriormente el viaje, la crónica y la memoria personal en otras formas de explorar esos mismos territorios.
De Vegamián a La Mata de Bérbula
Nació en Vegamián porque su padre, Nemesio Alonso Díez, ejercía allí como maestro. El pueblo quedó posteriormente sumergido por las aguas del embalse del Porma, circunstancia que con el tiempo adquiriría un fuerte valor simbólico en la imagen pública del escritor. Llamazares, sin embargo, ha explicado que apenas recuerda Vegamián: abandonó la localidad con dos años y pasó parte de su infancia en Olleros de Sabero, en una comarca minera también sometida décadas después a una profunda transformación.
Sus raíces familiares estaban en La Mata de Bérbula, en la cuenca leonesa del Curueño. Allí se encontraba la casa familiar y allí transcurrieron muchos de sus veranos. Ese territorio tiene un peso biográfico más directo que el lugar accidental de su nacimiento y aparece asociado a sus recuerdos familiares y a libros como El río del olvido. La pérdida de Vegamián, la decadencia de las cuencas mineras y la permanencia de La Mata forman así parte de una misma geografía personal que después trasladaría, de formas distintas, a su literatura.
Estudió Derecho, aunque no orientó su vida profesional hacia el ejercicio jurídico. Participó en la actividad literaria leonesa de su juventud, estuvo relacionado con iniciativas poéticas como Cuadernos Leoneses de Poesía y comenzó a trabajar en prensa, radio y televisión. Posteriormente se instaló en Madrid, desde donde consolidó su carrera como periodista y escritor sin perder el vínculo con León y con los territorios de su infancia.
De la poesía a La lluvia amarilla
Su primera etapa fue poética. Publicó La lentitud de los bueyes en 1979 y Memoria de la nieve en 1982, libro por el que recibió el Premio Jorge Guillén de Poesía. Aunque después dejó de publicar poesía de manera regular, su narrativa mantuvo algunos de sus rasgos: atención al ritmo de la frase, imágenes vinculadas a la naturaleza y una tendencia a convertir el paisaje en parte activa del relato.
Su primera novela, Luna de lobos (1985), narra la experiencia de un grupo de guerrilleros antifranquistas obligados a ocultarse en las montañas leonesas después de la Guerra Civil. Más que construir un relato heroico, Llamazares se concentra en el aislamiento, el miedo y el deterioro provocado por una existencia clandestina que va cerrando progresivamente las posibilidades de sus protagonistas.
Con La lluvia amarilla (1988) alcanzó una de las mayores repercusiones de su carrera. La novela está narrada por Andrés de Casa Sosas, último habitante del pueblo pirenaico de Ainielle, mientras contempla la desaparición de sus vecinos, su familia y el mundo al que perteneció. El abandono rural sirve como punto de partida para una reflexión sobre la soledad, la memoria y el olvido. Publicada cuando la narrativa española dominante prestaba mucha más atención a espacios urbanos, la novela adquirió con el tiempo una condición casi anticipatoria respecto al posterior debate sobre la despoblación.
Luna de lobos y La lluvia amarilla fueron finalistas del Premio Nacional de Narrativa. Esta última tuvo además una importante circulación internacional y fue traducida a numerosos idiomas. En 1993 Llamazares recibió en Italia el Premio Nonino, y al año siguiente obtuvo el Cardo d'Oro por la edición italiana de la novela.
El territorio como memoria
El viaje se convirtió pronto en otro de los ejes de su obra. En El río del olvido (1990) reconstruyó a pie el curso del Curueño y regresó a los paisajes vinculados a su familia y a su infancia. No planteó el recorrido como una guía turística, sino como una indagación en las relaciones entre territorio, recuerdos y desaparición.
Esa concepción reaparece, con escenarios diferentes, en Trás-os-Montes, Cuaderno del Duero, Las rosas de piedra, Atlas de la España imaginaria, El viaje de don Quijote y Las rosas del sur. Sus libros de viajes combinan observación, historia, conversaciones y memoria personal, y se alejan del viaje entendido simplemente como desplazamiento o enumeración de lugares.
La memoria autobiográfica adquirió especial importancia en Escenas de cine mudo (1994), construida a partir de fotografías familiares y recuerdos de infancia. En El cielo de Madrid (2005) trasladó parte de su mirada al ambiente artístico y cultural de la capital, mientras que Las lágrimas de San Lorenzo (2013) relacionó los recuerdos personales con la paternidad y el paso del tiempo.
En Distintas formas de mirar el agua (2015) regresó de forma explícita al territorio de Vegamián. Una familia acude al embalse del Porma para depositar las cenizas del padre y cada uno de sus miembros contempla de manera distinta el paisaje bajo el que permanece el pueblo desaparecido. La novela permite observar una constante de Llamazares: el paisaje no funciona como decorado, sino como depósito de experiencias y recuerdos que cambian según quien los contempla.
Periodismo y cine
Llamazares ha mantenido paralelamente una extensa actividad periodística. Sus artículos, reportajes y crónicas han abordado asuntos culturales, sociales y políticos, además de viajes y experiencias personales. Parte de esa producción fue reunida en libros como En Babia, Nadie escucha y Entre perro y lobo.
También ha trabajado como guionista cinematográfico. Participó en la adaptación de Luna de lobos y escribió otros guiones, entre ellos el de Flores de otro mundo (1999), junto a su directora, Icíar Bollaín. Su producción incluye además relatos como En mitad de ninguna parte y Tanta pasión para nada, la crónica El entierro de Genarín y el dietario Primavera extremeña, escrito a partir de su estancia en Extremadura durante el confinamiento de 2020.
Recepción y proyección internacional
La obra de Llamazares ha circulado fuera de España mediante traducciones y ediciones en distintos países, especialmente a partir de La lluvia amarilla. Esa recepción internacional contribuyó a que un universo literario fuertemente localizado en pueblos y paisajes españoles adquiriera lectores alejados de su contexto original.
La crítica ha prestado especial atención a la relación entre memoria, pérdida y territorio en sus libros, así como al carácter poético de su prosa. Esa coherencia temática ha sido al mismo tiempo uno de sus rasgos más reconocibles y una fuente de simplificación: con frecuencia se le ha identificado casi exclusivamente con el mundo rural abandonado. Su obra, sin embargo, incluye también novelas urbanas, periodismo, cine, relatos y una amplia literatura de viajes.
La aparición del concepto de la «España vaciada» favoreció una nueva lectura de libros publicados por Llamazares décadas antes de que esa expresión se popularizara. La lluvia amarilla es considerada una referencia de la posterior narrativa sobre la despoblación y el espacio rural, aunque reducir al escritor a esa corriente resulta cronológicamente impreciso y deja fuera buena parte de su producción. En sus libros, el abandono de los pueblos suele interesar menos como asunto sociológico aislado que como manifestación de procesos más amplios: pérdida de memoria, transformación económica, ruptura entre generaciones y desaparición de formas de vida.
Vagalume y El viaje de mi padre
En Vagalume (2023) volvió a la novela con una historia centrada en un escritor secreto y en las distintas identidades que pueden convivir detrás de una existencia aparentemente conocida. El libro supuso su regreso a la ficción novelesca después de varios años dedicados a otros géneros.
El viaje de mi padre (2025) llevó su escritura memorialística al terreno familiar. El punto de partida es la experiencia de Nemesio Alonso Díez, que con dieciocho años participó como radiotelegrafista en el bando sublevado durante la Guerra Civil. Décadas después, su hijo reconstruyó el itinerario que aquel joven había seguido desde León hasta los escenarios de la batalla de Teruel y el frente de Levante.
El libro combina investigación, viaje y memoria personal. Llamazares vuelve sobre las historias que escuchó fragmentariamente de su padre y sobre las preguntas que ya no pudo hacerle después de su muerte en 1996. El desplazamiento por los mismos lugares permite confrontar el recuerdo familiar con el territorio y observar la guerra desde la experiencia de jóvenes cuya vida quedó determinada por un conflicto que en muchos casos no habían elegido.
El 2 de octubre de 2026, el Ministerio de Cultura concedió a Julio Llamazares el Premio Nacional de Narrativa por El viaje de mi padre. El jurado valoró su dimensión memorialística y humana, la combinación de evocación personal e historia y el modo en que el libro relaciona los desplazamientos geográficos con la memoria de varias generaciones. El reconocimiento llegó casi cuatro décadas después de que Luna de lobos y La lluvia amarilla situaran por primera vez su narrativa entre las finalistas del mismo premio.